Colecciones

Piezas que nacen de una misma idea.
Comparten forma, intención o proceso, pero nunca son idénticas.
Cada una tiene su propio matiz.

Noche estrellada

Remolinos de color, luz que vibra sobre la oscuridad. Inspirados en La noche estrellada de Vincent van Gogh, reinterpretan su intensidad en forma y materia. No buscan reproducir, sino capturar una sensación:
el cielo vivo, el trazo que no se detiene, la emoción convertida en objeto. Cada pieza es un fragmento de esa noche.

Oro siliente

El blanco no es vacío, es superficie viva. Vetas doradas que aparecen como si la luz hubiera quedado atrapada dentro del material. No hay estridencia, solo presencia. El brillo no busca destacar, simplemente respira. Inspirado en lo mineral y en lo esencial, donde lo delicado se convierte en estructura y lo imperfecto en lenguaje. Cada forma mantiene un equilibrio entre calma y destello.

Mármol vivo

Superficies que parecen piedra, pero no lo son. Vetas que se desplazan, formas que no se repiten. El mármol deja de ser sólido, se vuelve ligero, adaptable, cambiante. No es bloque, es interpretación. Materia que imita, pero no copia.

Sa Roqueta

Piezas que nacen de la luz y la calma de Mallorca,
de sa roqueta, como la llamamos quienes la habitamos. Formas que recuerdan a la costa, a la piedra trabajada por el mar, a lo que el tiempo desgasta y transforma. Texturas irregulares, tonos cálidos, reflejos que cambian con la luz del día. Nada es exacto, nada se repite. No son paisajes, son sensaciones. Fragmentos de isla convertidos en materia. Cada pieza guarda algo de aquí:
la calma, el sol y ese ritmo que no se puede forzar.

Constelación

Fragmentos de luz suspendidos.
Sin orden aparente, sin simetría. Pequeños destellos que aparecen y desaparecen con el movimiento.
Como si la noche se rompiera en partículas.

Flor imperfecta

Piezas donde la simetría deja de ser norma. La flor se abre, se fragmenta, se transforma. La resina recoge cada variación, cada borde que no encaja del todo. Ahí es donde ocurre.

Copa medio llena

Entre lo que se contiene y lo que está a punto de caer. La forma de una copa como punto de equilibrio, suspendida en un instante que nunca es fijo. Resina y acero se encuentran para dar cuerpo a una idea: lo frágil sostenido por lo firme, lo transparente atravesado por lo estructural. No es un objeto sobre el vino, sino sobre el gesto de servir, de esperar, de detener el tiempo justo antes del cambio. Nada está completo del todo. Y en esa incertidumbre, la forma respira.